Nomofobia es un nombre propuesto para la fobia de estar sin contacto con el teléfono celular. Sin embargo, es discutible que la palabra “fobia” esté mal utilizada, y que en la mayoría de los casos es otra forma de trastorno de ansiedad.

Aunque la nomofobia no aparece en el actual Manual de Diagnóstico y Estadística de los Trastornos Mentales, se ha propuesto como una “fobia específica”, basada en definiciones dadas en el DSM-IV. Según Bianchi y Philips (2005) factores psicológicos están involucrados en el uso excesivo de un teléfono móvil. Estos pueden incluir baja autoestima (cuando los individuos que buscan tranquilidad utilizan el teléfono móvil de manera inadecuada) y personalidad extrovertida (cuando los individuos naturalmente sociales usan el teléfono móvil en exceso). También es muy posible que los síntomas puedan ser causados ​​por otros trastornos mentales subyacentes y preexistentes, con los candidatos probables incluyendo la fobia social o el desorden de la ansiedad social, la ansiedad social, y el desorden del pánico.

El término, fue acuñado durante un estudio de 2008 por la Oficina de Correos del Reino Unido que comisionó YouGov, una organización de investigación británica evaluando las ansiedades sufridas por los usuarios de teléfonos móviles. El estudio encontró que casi el 53% de los usuarios de teléfonos móviles en Gran Bretaña tienden a estar ansiosos cuando “pierden su teléfono móvil, se quedan sin batería o crédito, o no tienen cobertura de red”.

Estudio sobre Nomofobia

El estudio, que incluyó 2.163 personas, encontró que alrededor del 58% de los hombres y el 47% de las mujeres sufre de fobia, y un 9% adicional se siente estresado cuando sus teléfonos móviles están apagados. El 55% de los encuestados citaron mantenerse en contacto con amigos o familiares como la principal razón por las que se ponían ansiosos cuando no podían usar sus teléfonos móviles. El estudio comparó los niveles de estrés inducidos por el caso promedio de la nomofobia para estar a la par con los de “nerviosismo del día de la boda” y los viajes al dentista.

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Otro estudio encontró que de un total de 547 estudiantes de sexo masculino, estudiantes de pregrado en Servicios de Salud, el 23% de los estudiantes fueron clasificados como nomofobia, mientras que un 64% adicional estaban en riesgo de desarrollar nomofobia. De estos estudiantes, aproximadamente el 77% revisó sus teléfonos móviles 35 o más veces al día.

El estudio y la subsiguiente cobertura de la fobia dieron como resultado dos columnas editoriales escritas por individuos que minimizaron el uso de su teléfono móvil o decidieron no tener uno en absoluto. Estos autores parecían tratar la condición con claros matices de burla, o pura incredulidad y diversión.

A los clásicos del lenguaje no les gusta esta palabra ni la aprueban, debido a su inherente confusión con la nomofobia existente, aunque rara, el temor a leyes, reglas o reglamentos. Este último se deriva del griego nomos (ley, regla o reglamento), visto en otras palabras como la astronomía (reglas sobre las estrellas), la gastronomía (reglas sobre alimentación y alimentación), la autonomía (gobernante), la economía (las reglas que gobiernan las finanzas del estado o del hogar), la antinomia (una ley contraria a otra ley), el metrónomo (un dispositivo para regular el metro o el golpe), la nomocracia (el estado de derecho en la sociedad), la nomografía (la ley en forma escrita) y la anomia arcaica (anarquía).

Significado

El significado neologístico a que se hace referencia en este artículo, relacionado con los teléfonos móviles, parece haber sido adoptado por las generaciones más jóvenes y por aquellos sin una comprensión más profunda de las directrices de Oxford sobre la construcción de palabras.

Nuevos tipos de fobias han surgido (las llamadas tecno-fobias), ya que estos dispositivos se han convertido en fundamentales para la mayoría de las sociedades.

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